Aprende todo lo que debes saber del whisky
El whisky es un aguardiente que se obtiene de destilar el mosto de granos de cereales molidos y añejados en barriles de madera, en general de roble blanco.
De los cereales al bar.
La expresión "whisky" tiene su origen en la palabra gaélica, idioma Celta hablado en Escocia, "ussge beatha" o "usque baugh" que significa " agua de la vida". El Whisky, en Escocia se destila desde hace centenares de años. Se cree que fueron los monjes misioneros cristianos quienes pudieron llevar el arte de la destilación al país, pero nunca se ha probado que los granjeros de las tierras altas no descubrieran ellos mismos como destilar aguardientes de sus excelentes cebadas.
Esta bebida es originaria de Escocia, si bien se elabora en países como Irlanda, Estados Unidos, Canadá y otros. La diferencia en sabores de los whiskies elaborados en distintos países se debe a las variantes en los métodos de producción, tipo y características de los cereales y principalmente debido al tipo de agua empleada para su elaboración. Por ejemplo en el whisky escocés se emplean aguas de deshielos que provienen de formaciones rocosas de granito colorado. Debido a esta razón, la mayoría de las destilerías se encuentran en los lugares que se han instalado, dado que el agua de que disponen es de deshielos en algún tipo de formación rocosa. La mayor parte del whisky de malta escocés se usa para la fabricación de whisky escocés combinado.
El whiskey irlandés es más suave, sedoso y redondo que el escocés. El whiskey de Estados Unidos se caracteriza por el hecho de que los diferentes obtenidos entre el centeno, el maíz (el término bourbon se aplica al whisky de maíz sin mezcla), la cebada y, ocasionalmente, el trigo, así como por el fuerte aroma a vainilla que adquiere el whiskey durante su maduración en barriles de roble nuevo quemados.
La elaboración del whisky comienza con la limpieza de la cebada, luego se la moja con agua dejándola que germine durante alrededor de 15 días. A continuación se le lleva a los hornos para secarla, donde la cebada adquiere sabor ahumado, usándose un carbón vegetal llamado turba. Luego se la muele, se la mezcla con agua caliente y se la vierta en cubas donde los azucares se convierten en mosto que se retira para su fermentación.
El mosto es luego enfriado y colocado en grandes piletones donde se deja fermentar con levadura, convirtiéndose en un líquido con bajo contenido alcohólico llamado "wash". Historicamente el "wash" se destilaba dos veces en alambiques de cobre, de la primera obteniendo un líquido llamado "low wine" que tras la segunda destilada producía aguardiente. Una vez añejado, la concentración alcohólica del líquido se reducía agregando agua destilada, para luego filtrarla y embotellarla.
Existen diferentes tipos de whisky: el de Grano se elabora con cebada o maíz no malteados, sometidos al vapor durante más de tres horas, para posteriormente mezclarse con cebada malteada y proceder a su destilación; el de malta que se obtiene remojando la cebada durante varios días y luego se esparce sobre suelo seco para que germine. Se dejan marchitar las raíces y la cebada ya malteada, procediendo a meterla al horno donde se seca con el aire caliente. Con este proceso, el Whisky Escocés adquiere un toque ahumado y el blend es el resultado de la combinación de diferentes whiskies de malta y grano, en una proporción de 40% y 60% respectivamente. De esta combinación nace un whisky con sabor y aroma constante, dicha mezcla se lleva a cabo en barricas de grandes dimensiones para conseguir la mezcla óptima de los ingredientes. El Whisky Blend puede ser de dos tipos el standard que tiene un envejecimiento de mínimo de tres años y el blended de Luxe que tiene una mayor proporción de Malta y envejece a partir de ocho hasta 20 años.
miércoles, 28 de abril de 2010
miércoles, 14 de abril de 2010
NO ES EL CINCO DE ARGENTINOS JUNIORS NI DE INDEPENDIENTE ES UN PRESO MAPUCHE

13 April, 2010
Carta de Pascual Pichún desde la cárcel de Traiguén
El joven comunicador mapuche Pascual Pichun, relata el momento de su formalización, luego de su detención en Temuco después de un largo exilio en Argentina (reproducimos su carta)
Esposado de pies y manos sólo puedo caminar dando saltitos. Por cada movimiento que doy el acero inoxidable de las esposas aprieta, dañan y lástima al punto del calambre. Pese a todo estoy tranquilo, como sí fuera el agua de un lago por la mañana, sonrío y levanto la cabeza mirando a los ojos a uno de los pacos que me apunta de frente con su ametralladora.
Está serio, es un peñi se nota en su rostro moreno y en sus ojos oscuros. Lo miro de frente como interrogándolo, pero no soporta esa presión por lo que decide desviar la mirada como avergonzándose de si mismo. Quizás sabe que esta haciendo lo incorrecto, quizás le pesa ese uniforme que reprime y daña a diario a su propia gente. Sin embargo, no le queda de otra pienso, de eso vive, de ese misero sueldo comen sus hijos y puede darle esperanzas en este malvado sistema. Porque él sabe y ese es el punto, que no le está apuntando a un delincuente como tal, ni está cuestionando a un terrorista como le hacen creer y le recuerdan toda vez que debe apresar a un peñi.
Cómo está peñi, cómo se llama su gente, su comunidad. Me dan ganas de hablarle y decirle que no se preocupe que lo entiendo. Responderle que estoy bien, que nada más me aprietan un poco las esposas pero nada que no logré a acostumbrarme con el paso de las horas. Y señalarle que han pasado años de no usar una de estas, y terminar riendo juntos.
Es que al final siempre reímos y le encontramos sentido a esta vida que hemos heredado de nuestros viejos. Yo el preso, el me vigila, pero no somos distinto, ni él mi enemigo, ni yo de él. Este sistema, este, que nos impusieron a fuerza y fuego, es por eso que hoy nos ponen sin opción de frente. Y es esto lo que se hace necesario cambiar, porque somos parte de una gran historia y de un gran pueblo peñi.
Me suben al carro y veo entre la pequeña ventana enrejada la luz del sol, parece un lindo día, las calles, la gente. Esa que no nos ve, que no quiere ser parte de esta historia, que se avergüenza, que tiene miedo. Pero nosotros no somos culpables de ese miedo, siempre estuvimos y siempre estaremos acá y nuestra lucha es también, por ellos, por cada uno de los habitantes del wallmapu.
Se detiene el carro llegamos al hospital, esta la prensa, esta prensa chilena que no cumple un bien social sino el resguardo de los intereses capitalista, esta es la prensa que construye historia de terroristas, la que nos clasifica entre malos y buenos. La que aclama represión y levanta a esos hermanos que se venden al vedetismo barato como un objeto turístico de feria costumbrista. Para esta prensa omnipotente, los que soñamos y luchamos por una vida mejor para nuestra gente somos los terroristas, los violentos. El tema es que el terrorismo existe desde que invadieron nuestro territorio, desde el momento que nos impusieron sus próceres y nos niegan nuestra historia que es mucho mayor a 200 años.
Entramos por un pasillo hacia la sala de espera colmada de gente, sobre pasada como la mayoría de los hospitales que estos gobiernos han abandonado. Es que ni la salud, ni la educación en chile es un derecho amigo, sino un rentable negocio que obliga a los chilenos a hipotecar su futuro para sanar una enfermedad o conseguir un título universitario. El dios dinero que lo puede todo, en un país que pareciera no tener memoria, un país que quiere profundizar un modelo de vida dictatorial y donde se cree que el presidente hizo todos sus millones trabajando.
“Denle duro, hay que meter preso a todos estos indios”. Le reclama una señora a los policías que me custodian. Parece mentira lo que estoy oyendo sí soy como usted señora, mírese al espejo e indague sólo un poco en su historia familiar y comprenderá el porqué de su piel morena, como yo, y su cabello oscuro aunque intente ocultarlo.
El trámite es sencillo, no tengo lesiones ni daños corporales ni mucho menos morales por eso debo firmar y con las manos esposadas, es que soy un reo peligroso según la información que maneja la policía.
De vuelta a la comisaría, me encuentro con una celda exclusiva para mí. Es un lugar conocido, cuantos peñi han pasado por aquí y así lo demuestran los rayados: “Resistencia Mapuche” “Lemun Vive” “Matías Katrileo Vive” se lee en las paredes.
Esta comisaría, esta celda es parte de nuestra historia, de nuestra lucha, pienso, hace frió y parece que comienza caer el sol en Temuko, llega la noche, la oscuridad necesaria para partir un nuevo día, más radiante.
Me apresto a iniciar este camino, nuevamente soy uno de los cuántos peñi presos por soñar, siendo perseguido y temiendo ser asesinado por esta falsa democracia. Siendo esta la forma en que ellos celebran su bicentenario, pero nuestra historia es mucho más que doscientos años, más que esta ciudad, que estas cárceles. Por eso sonreímos todo el tiempo y le encontramos sentido a la vida e intentamos pensar en un mañana, en un futuro para nuestros hijos. Mismo sueño que hace tanto tiempo queremos compartir, porque somos así, siempre pensando en el del lado y estamos acá como siempre hemos estado.
Estoy nuevamente en prisión, aprovechando estos días para la reflexión. Para pensar en nuestro futuro, el que debemos construir para las futuras generaciones.
Agradezco a cada uno de los amigos que me han acompañado en estos años y me han enseñado el valor de un ser humano. Pero sobre todo han estado en los momentos tristes y felices que se descubren en el camino de lucha que compartimos.
Newentuleayiñ kom pu che
Wewayiñ Marrichiweu
Pascual Pichun
Preso Politico Mapuche
Carta de Pascual Pichún desde la cárcel de Traiguén
El joven comunicador mapuche Pascual Pichun, relata el momento de su formalización, luego de su detención en Temuco después de un largo exilio en Argentina (reproducimos su carta)
Esposado de pies y manos sólo puedo caminar dando saltitos. Por cada movimiento que doy el acero inoxidable de las esposas aprieta, dañan y lástima al punto del calambre. Pese a todo estoy tranquilo, como sí fuera el agua de un lago por la mañana, sonrío y levanto la cabeza mirando a los ojos a uno de los pacos que me apunta de frente con su ametralladora.
Está serio, es un peñi se nota en su rostro moreno y en sus ojos oscuros. Lo miro de frente como interrogándolo, pero no soporta esa presión por lo que decide desviar la mirada como avergonzándose de si mismo. Quizás sabe que esta haciendo lo incorrecto, quizás le pesa ese uniforme que reprime y daña a diario a su propia gente. Sin embargo, no le queda de otra pienso, de eso vive, de ese misero sueldo comen sus hijos y puede darle esperanzas en este malvado sistema. Porque él sabe y ese es el punto, que no le está apuntando a un delincuente como tal, ni está cuestionando a un terrorista como le hacen creer y le recuerdan toda vez que debe apresar a un peñi.
Cómo está peñi, cómo se llama su gente, su comunidad. Me dan ganas de hablarle y decirle que no se preocupe que lo entiendo. Responderle que estoy bien, que nada más me aprietan un poco las esposas pero nada que no logré a acostumbrarme con el paso de las horas. Y señalarle que han pasado años de no usar una de estas, y terminar riendo juntos.
Es que al final siempre reímos y le encontramos sentido a esta vida que hemos heredado de nuestros viejos. Yo el preso, el me vigila, pero no somos distinto, ni él mi enemigo, ni yo de él. Este sistema, este, que nos impusieron a fuerza y fuego, es por eso que hoy nos ponen sin opción de frente. Y es esto lo que se hace necesario cambiar, porque somos parte de una gran historia y de un gran pueblo peñi.
Me suben al carro y veo entre la pequeña ventana enrejada la luz del sol, parece un lindo día, las calles, la gente. Esa que no nos ve, que no quiere ser parte de esta historia, que se avergüenza, que tiene miedo. Pero nosotros no somos culpables de ese miedo, siempre estuvimos y siempre estaremos acá y nuestra lucha es también, por ellos, por cada uno de los habitantes del wallmapu.
Se detiene el carro llegamos al hospital, esta la prensa, esta prensa chilena que no cumple un bien social sino el resguardo de los intereses capitalista, esta es la prensa que construye historia de terroristas, la que nos clasifica entre malos y buenos. La que aclama represión y levanta a esos hermanos que se venden al vedetismo barato como un objeto turístico de feria costumbrista. Para esta prensa omnipotente, los que soñamos y luchamos por una vida mejor para nuestra gente somos los terroristas, los violentos. El tema es que el terrorismo existe desde que invadieron nuestro territorio, desde el momento que nos impusieron sus próceres y nos niegan nuestra historia que es mucho mayor a 200 años.
Entramos por un pasillo hacia la sala de espera colmada de gente, sobre pasada como la mayoría de los hospitales que estos gobiernos han abandonado. Es que ni la salud, ni la educación en chile es un derecho amigo, sino un rentable negocio que obliga a los chilenos a hipotecar su futuro para sanar una enfermedad o conseguir un título universitario. El dios dinero que lo puede todo, en un país que pareciera no tener memoria, un país que quiere profundizar un modelo de vida dictatorial y donde se cree que el presidente hizo todos sus millones trabajando.
“Denle duro, hay que meter preso a todos estos indios”. Le reclama una señora a los policías que me custodian. Parece mentira lo que estoy oyendo sí soy como usted señora, mírese al espejo e indague sólo un poco en su historia familiar y comprenderá el porqué de su piel morena, como yo, y su cabello oscuro aunque intente ocultarlo.
El trámite es sencillo, no tengo lesiones ni daños corporales ni mucho menos morales por eso debo firmar y con las manos esposadas, es que soy un reo peligroso según la información que maneja la policía.
De vuelta a la comisaría, me encuentro con una celda exclusiva para mí. Es un lugar conocido, cuantos peñi han pasado por aquí y así lo demuestran los rayados: “Resistencia Mapuche” “Lemun Vive” “Matías Katrileo Vive” se lee en las paredes.
Esta comisaría, esta celda es parte de nuestra historia, de nuestra lucha, pienso, hace frió y parece que comienza caer el sol en Temuko, llega la noche, la oscuridad necesaria para partir un nuevo día, más radiante.
Me apresto a iniciar este camino, nuevamente soy uno de los cuántos peñi presos por soñar, siendo perseguido y temiendo ser asesinado por esta falsa democracia. Siendo esta la forma en que ellos celebran su bicentenario, pero nuestra historia es mucho más que doscientos años, más que esta ciudad, que estas cárceles. Por eso sonreímos todo el tiempo y le encontramos sentido a la vida e intentamos pensar en un mañana, en un futuro para nuestros hijos. Mismo sueño que hace tanto tiempo queremos compartir, porque somos así, siempre pensando en el del lado y estamos acá como siempre hemos estado.
Estoy nuevamente en prisión, aprovechando estos días para la reflexión. Para pensar en nuestro futuro, el que debemos construir para las futuras generaciones.
Agradezco a cada uno de los amigos que me han acompañado en estos años y me han enseñado el valor de un ser humano. Pero sobre todo han estado en los momentos tristes y felices que se descubren en el camino de lucha que compartimos.
Newentuleayiñ kom pu che
Wewayiñ Marrichiweu
Pascual Pichun
Preso Politico Mapuche
lunes, 12 de abril de 2010
CUBERO ES MUCHO MAS JOVEN Y QUIZAS MAS DULCE

Anibal F., de fiesta y sin filtros con los blogueros kirchneristas
Aludió a la pelea del Gobierno con los medios y a su debate con Nicole Neumann.
Mientras la Presidenta y su marido hacen buena letra en Washington en busca de nuevas inversiones, Aníbal Fernández recomendó a los que quieren hacer negocios en la Argentina "no pensar en el riesgo país, sino en el riesgo Clarín o el riesgo Magnetto". Fue este sábado, en la "Reunión de Blogueros Nac&Pop" en Parque Patricios, donde se juntaron unas 200 personas, la vanguardia digital del kirchnerismo. En confianza, el jefe de Gabinete se explayó largo sobre la batalla comunicacional en la que está embarcado el Gobierno. En ese sentido, resaltó "lo potente de esta herramienta" (en referencia a los blogs K) pero también agradeció a los programas de TV oficialistas. "Reivindico de corazón la presencia fundamental de 6, 7, 8, Duro de Domar y Televisión Registrada", dijo, gracias a los cuales "no estamos más solos, estamos discutiendo de igual a igual". Luego aseguró que Clarín "está pelando por sus kioscos" en cambio "nosotros, por el bien común". Y enseguida dejó una frase con su sello: "No nos van a amedrentar porque nos caguen a palos con una tapa. No somos perros para que nos corran con el diario". Aníbal F. volvió a referirse a la discusión pública que mantuvo con la modelo Nicole Neumann, que denunció haber sufrido un intento de robo en Quilmes. El jefe de Gabinete, que había salido a cruzarla la semana pasada, insistió ante los blogueros K: "Pobre mina. Me importa un comino. Pero si mentiste, mentiste", dijo. Fernández también reivindicó que la gestión K evite reprimir las protestas en las calles. "Se puede trabajar de otra manera. Y no hacerlo porque a los gorilas les molesta tener que dar la vuelta manzana es muy tonto", pareció responderle a las quejas habituales de los automovilistas. Fue aún más claro cuando, tras enumerar la cantidad de insumos con los que el Gobierno dotó en los últimos años a la Policía Federal, subrayó: "Ninguno es para reprimir. No le pegamos a nadie. Y a aquel que se la va la mano, porque un pelotudo hay en todos lados, se va a su casa". Las palabras del jefe de Gabinete, sin filtro, se podían ver ayer en la web del PJ Digital. En las fotos del encuentro que colgaron los blogueros se distinguían Gabriel Mariotto, Juan Cabandié y Artemio López. También había algunas instantáneas que Aníbal se sacó hacia el final con una remera que se mofa del logo de este diario.
Aludió a la pelea del Gobierno con los medios y a su debate con Nicole Neumann.
Mientras la Presidenta y su marido hacen buena letra en Washington en busca de nuevas inversiones, Aníbal Fernández recomendó a los que quieren hacer negocios en la Argentina "no pensar en el riesgo país, sino en el riesgo Clarín o el riesgo Magnetto". Fue este sábado, en la "Reunión de Blogueros Nac&Pop" en Parque Patricios, donde se juntaron unas 200 personas, la vanguardia digital del kirchnerismo. En confianza, el jefe de Gabinete se explayó largo sobre la batalla comunicacional en la que está embarcado el Gobierno. En ese sentido, resaltó "lo potente de esta herramienta" (en referencia a los blogs K) pero también agradeció a los programas de TV oficialistas. "Reivindico de corazón la presencia fundamental de 6, 7, 8, Duro de Domar y Televisión Registrada", dijo, gracias a los cuales "no estamos más solos, estamos discutiendo de igual a igual". Luego aseguró que Clarín "está pelando por sus kioscos" en cambio "nosotros, por el bien común". Y enseguida dejó una frase con su sello: "No nos van a amedrentar porque nos caguen a palos con una tapa. No somos perros para que nos corran con el diario". Aníbal F. volvió a referirse a la discusión pública que mantuvo con la modelo Nicole Neumann, que denunció haber sufrido un intento de robo en Quilmes. El jefe de Gabinete, que había salido a cruzarla la semana pasada, insistió ante los blogueros K: "Pobre mina. Me importa un comino. Pero si mentiste, mentiste", dijo. Fernández también reivindicó que la gestión K evite reprimir las protestas en las calles. "Se puede trabajar de otra manera. Y no hacerlo porque a los gorilas les molesta tener que dar la vuelta manzana es muy tonto", pareció responderle a las quejas habituales de los automovilistas. Fue aún más claro cuando, tras enumerar la cantidad de insumos con los que el Gobierno dotó en los últimos años a la Policía Federal, subrayó: "Ninguno es para reprimir. No le pegamos a nadie. Y a aquel que se la va la mano, porque un pelotudo hay en todos lados, se va a su casa". Las palabras del jefe de Gabinete, sin filtro, se podían ver ayer en la web del PJ Digital. En las fotos del encuentro que colgaron los blogueros se distinguían Gabriel Mariotto, Juan Cabandié y Artemio López. También había algunas instantáneas que Aníbal se sacó hacia el final con una remera que se mofa del logo de este diario.
jueves, 1 de abril de 2010
ARACA LA CANA (MURGA)

He defendido por siempre mis anhelos he buscado la voz de las historias he transitado en versos cada huella y he visto con asombro cada gloria
No quiero que me miren los pasados creyéndome incapaz de repetirlos seguiré hurgando la luz de las memorias hasta obtener su forma y conseguirlo
Porque al dolor ya vez digo que no ya no más, nunca más
porque al amor ya vez digo que sí
porque sí He de librar batallas por mi pueblo
sin que a mis ojos el horror espante
encontrare las formas de la nada y peleare mientras escriba y cante
Conseguiré que pronto las mañanas se anuncien con albores diferentes en donde beban del río los sedientos y calmen sus angustias los torrentes
Porque al dolor ya vez digo que no ya no más,
nunca más
porque al amor ya vez digo que sí
porque sí Debo plantar la tierra sin alambres y edificar los mapas sin fronteras
hacer gobiernos del pueblo sin banderas
y ser el aula de un futuro cualquiera
No quiero que los sueños me trastornen
por que yo vivo en un mundo de penas
donde enmudecen los pájaros sin alas y las cenizas solamente quedan
Porque al dolor ya vez digo que no ya no más,
nunca más
porque al amor ya vez digo que sí
porque sí Salve el amor
que la razón avanza
que las retinas se queden sin penumbras
hágase la luz para mi pueblo que el sol de los humildes nos alumbra
He de librar batallas mientras viva y viviré quizá de mal talante
soy un obrero y el crimen me subleva
y peleare mientras escriba y cante
jueves, 25 de marzo de 2010
LA DOCTORA XIMENA TORRES
25 DE MARZO DE 2010, Crónica de una inmensa alegría. Cerca de las once de la mañana, el celular avisaba que había una comunicación en espera. El consabido Hola y la voz emocionada y casi enronquecida con un telón de fondo de gritos estentóreos y abigarrados, de un gran amigo:
Mario Torres, desde La Plata, para más datos desde cerca de la Facultad de Medicina, anunciaba que su hija XIMENA, acababa de recibirse de DOCTORA. Alegría indescriptible que nos hizo correr un frío por todo el cuerpo. Hasta parecía que estaba nevando, otra vez como el pasado año. Los gritos de Betty desde Saladillo, interrumpían mi emocionada escucha. Grande Ximena, grande Mario, grande Alicia, grande Gonzalo y grande Rodrigo. Los abu más joviales que nunca, todo una familia ejemplar que festeja con tutti el mejor regalo que os pueda dar un hijo. El verlo recibido. Felicitaciones para todos. Estamos lejos en la distancia, pero muy cerca en el corazón. GRANDE XIME
Mario Torres, desde La Plata, para más datos desde cerca de la Facultad de Medicina, anunciaba que su hija XIMENA, acababa de recibirse de DOCTORA. Alegría indescriptible que nos hizo correr un frío por todo el cuerpo. Hasta parecía que estaba nevando, otra vez como el pasado año. Los gritos de Betty desde Saladillo, interrumpían mi emocionada escucha. Grande Ximena, grande Mario, grande Alicia, grande Gonzalo y grande Rodrigo. Los abu más joviales que nunca, todo una familia ejemplar que festeja con tutti el mejor regalo que os pueda dar un hijo. El verlo recibido. Felicitaciones para todos. Estamos lejos en la distancia, pero muy cerca en el corazón. GRANDE XIME
viernes, 19 de marzo de 2010
EL CHIMI BIENVENIDO A LA ORBITA POLITICA!!!!!

Gustavo Di Battista fue designado funcionario provincial
El saladillense, que se desempeñaba en la Secretaría privada del Subsecretario de Relaciones Institucionales de la Nación, Walter Abarca, y que forma parte de su círculo íntimo y de confianza, fue designado como Coordinador de la Región Agro-ecológica y tendrá a su cargo el vínculo con 12 ciudades.
Por decisión del Ministro de Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires, Dr. Ariel Franetovich, se dividió la provincia de Buenos Aires en 6 regiones Agroecológicas. La iniciativa promueve mantener una relación directa entre el Ministerio y las direcciones de la producción de los diferentes municipios. La Región Agroecologica Centro, que coordinará el joven Di Battista, está integrada por 12 ciudades: Lobos, Roque Pérez, 25 de Mayo, Saladillo, Las Flores, Gral Alvear, Tapalque, Azul, Olavaria, Bolivar, Gral La Madrid y Laprida.
Dicho cargo había sido propuesto inicialmente a Miguel Nápoli, pero según versiones extraoficiales, el ex concejal de Saladillo iría a cumplir funciones a la zona VI de Vialidad provincial.
LAMENTABLEMENTE LA PUERTA SE CERRO DETRAS DE TI

ME CAÍ DEL MUNDO Y NO SÉ POR DÓNDE SE ENTRA. (PARA MAYORES DE 30)
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales. ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. ¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades. ¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos! ¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida! ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces. ¡Nos están fastidiando! ¡Yo los descubrí! ¡Lo hacen adrede! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica. ¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros? Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡Lo juro! ¡Y tengo menos de... años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII) No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'. Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡Toooodo! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo. Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron? En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos. ¡Cómo guardábamos! ¡Tooooodo lo guardábamos!¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos! ¡Las cosas que usábamos!: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín. Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡Los diarios! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'. Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo. Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡ni a Walt Disney! Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡Ah! ¡No lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour. Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado. Hasta aquí, Eduardo Galeano
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales. ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. ¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades. ¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos! ¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida! ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces. ¡Nos están fastidiando! ¡Yo los descubrí! ¡Lo hacen adrede! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica. ¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros? Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡Lo juro! ¡Y tengo menos de... años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII) No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'. Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡Toooodo! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo. Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron? En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos. ¡Cómo guardábamos! ¡Tooooodo lo guardábamos!¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos! ¡Las cosas que usábamos!: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín. Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡Los diarios! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'. Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo. Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡ni a Walt Disney! Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡Ah! ¡No lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour. Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado. Hasta aquí, Eduardo Galeano
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